En Colombia, la conversación sobre alta seguridad ha dejado de ser exclusiva de bancos, edificios corporativos o industrias altamente reguladas. Hoy, el sector funerario —incluyendo salas de velación, depósitos de féretros, cuartos fríos y vehículos de transporte— está entrando en una etapa en la que la seguridad física, la trazabilidad y el control de acceso ya no son negociables. Cada año crece la demanda de mecanismos robustos que garanticen integridad operacional, respeto por la dignidad humana y protección contra manipulaciones no autorizadas.