En el marco de PROCEMCO 2026, la Reunión del Cemento y el Concreto realizada en el Centro de Convenciones de Cartagena de Indias, ConstruClub Radio conversó con el ingeniero Juan Carlos Cárcamo sobre BIM, constructibilidad, proyectos de capital y el gran reto de pasar de diseñar obras a construirlas con información útil durante todo su ciclo de vida.
La construcción ya no puede depender de la memoria del proyecto
En construcción hay una frase que incomoda porque es cierta: una obra no siempre termina comportándose como fue diseñada. En el papel todo cabe. En el cronograma todo parece posible. En el presupuesto todo luce bajo control. Pero la obra real —esa que se moja, se atrasa, cambia, se coordina con diez contratistas y depende de decisiones tomadas a tiempo— suele tener otros planes.
Ese fue uno de los puntos más poderosos que dejó la conversación de ConstruClub Radio con el ingeniero Juan Carlos Cárcamo, realizada durante PROCEMCO 2026, la Reunión del Cemento y el Concreto, en el Centro de Convenciones de Cartagena de Indias. El evento, organizado por la Cámara Colombiana del Cemento y el Concreto, se realizó del 6 al 8 de mayo de 2026 y fue presentado oficialmente como un punto de encuentro para conocer avances tecnológicos, tendencias mundiales y el estado del arte en construcción con cemento, concreto y prefabricados.
La entrevista tuvo una virtud poco común: no se quedó en la palabra de moda. Habló de ingeniería digital, constructibilidad, BIM, trazabilidad, sostenibilidad, operación, mantenimiento, talento técnico y gestión de proyectos de capital. Es decir, habló de lo que realmente está en juego cuando un país quiere construir infraestructura durable, funcional y dentro de los tiempos y presupuestos prometidos.
Juan Carlos Cárcamo se presentó como un profesional formado en ingeniería civil en la Universidad de Cartagena, con experiencia en proyectos de alta complejidad en Colombia y México, y actualmente vinculado al área de proyectos de capital en EY. En la entrevista recordó su paso por obras y frentes como Urrá, Cerromatoso, Cerrejón Zona Norte, la ampliación del Aeropuerto El Dorado, el túnel de Chingaza, el puente sobre la Calle 80 y proyectos de patología a nivel nacional.
Ese recorrido importa. Porque cuando alguien habla de digitalización desde la comodidad de una diapositiva, suena bonito. Pero cuando lo hace alguien que ha estado en proyectos complejos, en obra, en consultoría y en diferentes países, el mensaje cambia de peso. Ya no es “usemos software”. Es: gestionemos mejor la incertidumbre.
¿Qué es ingeniería digital en construcción?
La ingeniería digital no es simplemente modelar en 3D ni comprar licencias de software para que la empresa se vea moderna en LinkedIn. Eso ayuda al ego, pero no necesariamente a la obra.
En términos prácticos, la ingeniería digital es la capacidad de crear, organizar, compartir, analizar y usar información técnica confiable durante todo el ciclo de vida de un activo: desde su concepción y diseño, hasta su construcción, operación, mantenimiento y eventuales ampliaciones.
Cárcamo lo explicó desde una mirada muy aplicada: la ingeniería digital y la constructibilidad trabajan juntas para garantizar que los proyectos se ejecuten “en tiempo y forma”, dentro del cronograma y sin desviaciones graves en inversión. Su énfasis fue claro: la información digital debe servir para que el desarrollador, constructor o dueño del activo vea que la obra se realizó como fue concebida y como realmente necesitaba que se ejecutara.
Esto conecta con la definición técnica de BIM adoptada en Colombia. La Guía de Usos BIM de Camacol señala que, según la Estrategia Nacional BIM 2020-2026, BIM es un proceso colaborativo mediante el cual se crea, comparte y usa información estandarizada en un entorno digital durante todo el ciclo de vida de un proyecto de construcción. El objetivo es centralizar la información del proyecto en un modelo digital construido por los actores involucrados.
La clave está en la palabra información. BIM no es solo geometría. No es una maqueta bonita. No es render para vender apartamentos. Es un sistema de trabajo que permite tomar mejores decisiones porque integra datos de diseño, costos, tiempos, materiales, sostenibilidad, mantenimiento y operación.
buildingSMART, al referirse a BIM en el marco de ISO 19650-1:2018, lo presenta como el uso de una representación digital compartida de un activo construido para facilitar procesos de diseño, construcción y operación, y formar una base confiable para la toma de decisiones. También resalta que BIM no se limita a la construcción: soporta el ciclo completo del activo, desde el diseño hasta la operación, el mantenimiento y el desmantelamiento.
Dicho en lenguaje de obra: no se trata de tener un modelo bonito. Se trata de que ese modelo evite reprocesos, reclamos, vacíos, sobrecostos y el famoso “eso no estaba contemplado”.
Constructibilidad: el puente entre el diseño y la obra real
La constructibilidad es uno de esos conceptos que deberían estar escritos en la puerta de toda sala de diseño, de toda gerencia de proyectos y de toda oficina de interventoría.
En esencia, la constructibilidad busca responder una pregunta incómoda: ¿esto que diseñamos realmente se puede construir bien, en las condiciones reales del proyecto, con los recursos disponibles, en el tiempo previsto y sin disparar riesgos innecesarios?
Cárcamo lo resumió con una idea contundente: las obras no se comportan como se diseñan, sino como se construyen. Por eso, la constructibilidad permite acompañar el proyecto desde el diseño, pasar por la ejecución y llegar hasta la operación, dejando una trazabilidad que facilite futuras ampliaciones, modificaciones o intervenciones.
Aquí aparece una diferencia estratégica. Muchas empresas todavía miran la etapa de diseño como un requisito para pasar a obra. Pero la construcción moderna exige ver el diseño como una fase de anticipación de riesgos. Antes de fundir, montar, excavar o prefabricar, el proyecto debe preguntarse: ¿qué interferencias aparecerán?, ¿qué secuencias constructivas generan más riesgo?, ¿qué información faltará en campo?, ¿qué decisiones podrían bloquear el cronograma?, ¿qué dependencia crítica puede tumbar el presupuesto?
La constructibilidad no elimina todos los problemas. La construcción no es una fábrica cerrada, aunque a veces quisiéramos ponerle aire acondicionado al caos. Pero sí permite reducir sorpresas. Y en proyectos de capital, reducir sorpresas es casi una forma elegante de decir: proteger millones.
Del 3D al 7D: cuando el modelo deja de ser maqueta y se convierte en activo
Durante la entrevista, Cárcamo mencionó que estas herramientas digitales ya no se quedan en el 3D, sino que avanzan hacia dimensiones superiores, incluyendo aspectos relacionados con sostenibilidad.
Esta idea es clave para entender la madurez digital del sector. El 3D permite visualizar. El 4D incorpora tiempo. El 5D conecta costos. El 6D suele asociarse con operación y mantenimiento, y el 7D se vincula en muchos entornos con sostenibilidad, eficiencia y gestión del activo. Más allá de la nomenclatura exacta —porque cada organización puede usarla con matices— el punto central es que la industria está pasando de dibujar proyectos a gestionar información viva.
Cuando un modelo digital contiene información útil, el beneficio no termina el día de la entrega. De hecho, puede empezar allí. Un edificio, una planta, una vía, un puente o una infraestructura industrial no deberían quedar condenados a depender de carpetas perdidas, planos desactualizados o memorias que nadie sabe dónde quedaron.
La trazabilidad digital permite que, años después, cuando sea necesario ampliar, reforzar, mantener, remodelar o auditar un activo, la información esté disponible y tenga valor técnico. Ese punto fue uno de los mensajes más importantes de Cárcamo: si se requiere una ampliación o modificación, deben existir memorias digitales que viajen y permitan desarrollar la ingeniería complementaria necesaria.
En otras palabras: construir con información es pensar en el dueño del activo de hoy, pero también en el operador del mañana.
Colombia y BIM: el reto ya no es anunciar la transformación, sino ejecutarla
Colombia no parte de cero. El país cuenta con una Estrategia Nacional BIM 2020-2026 orientada a modernizar el sector de construcción e infraestructura mediante procesos colaborativos y uso de información estandarizada en ambientes digitales. Global BIM Network resume esta estrategia como una apuesta para mejorar consistencia, eficiencia y ahorro de costos mediante implementación progresiva en proyectos nacionales o cofinanciados por el Gobierno Nacional.
Camacol, por su parte, ha impulsado espacios como BIM Forum Colombia, una plataforma de articulación de actores y gestión del conocimiento alrededor de la digitalización del sector, con el objetivo de incrementar la productividad de las empresas y la competitividad de la actividad edificadora en Colombia.
Además, el BIM KIT de Camacol reúne guías, plantillas, estándares y matrices para acompañar la implementación BIM y consolidar un lenguaje común entre los actores de la cadena de valor de la construcción. Entre sus documentos se incluyen temas como roles y perfiles BIM, modelado, flujos de trabajo, gestión de información, indicadores, anexos contractuales, planes de ejecución BIM y requerimientos BIM para trámites de licencia.
Entonces, ¿dónde está el cuello de botella? Cárcamo apuntó a un asunto central: la conciencia de todos los actores. El desafío no es únicamente técnico. Es cultural, contractual, gerencial y regulatorio.
En la entrevista señaló que el siguiente paso es lograr que todos los stakeholders —desarrolladores, constructores, diseñadores, interventores, operadores, entidades públicas y demás participantes— entiendan que los proyectos deben gestionarse adecuadamente desde su concepción, durante la ejecución y posteriormente en la operación. También insistió en que la ingeniería digital debe estar concebida, presupuestada y ejecutada por profesionales competentes.
Ahí está el punto. BIM y constructibilidad no pueden ser “adornos” de la propuesta. No pueden aparecer al final, cuando ya el proyecto está contratado y cada actor está defendiendo su pedazo de plano como si fuera territorio soberano. Deben entrar desde la estructuración.
El problema no es solo el software: es la coordinación de la cadena
Uno de los grandes errores de la digitalización en construcción es creer que comprar tecnología equivale a transformar la empresa. Spoiler: no.
El sector constructor tiene una característica compleja: es una cadena fragmentada. En un mismo proyecto conviven promotores, diseñadores, estructurales, especialistas MEP, constructores, subcontratistas, proveedores, interventores, entidades de control, operadores y usuarios finales. Cada uno produce información, interpreta información, modifica información y, en muchos casos, entrega información en formatos distintos.
Cárcamo reconoció que en Colombia y en otros países de América Latina el proceso de adopción BIM generó dudas: cómo conectar actores, cómo cargar información, qué software usar, cómo coordinar responsabilidades y cómo hacer que los diferentes participantes trabajen con un lenguaje común.
Ese es el verdadero campo de batalla. BIM no fracasa porque falte software. Fracasa cuando no hay reglas claras de información. Fracasa cuando el modelo no responde a un propósito. Fracasa cuando no hay responsables. Fracasa cuando se modela por cumplir, pero nadie usa el modelo para decidir.
Por eso, la conversación sobre ingeniería digital debe bajar del discurso a la gobernanza. En cada proyecto debería estar claro:
¿Qué información se necesita? ¿Quién la produce? ¿Quién la valida? ¿En qué momento se entrega? ¿Con qué nivel de detalle? ¿En qué formato? ¿Cómo se actualiza? ¿Qué pasa si hay conflictos entre modelo, plano, presupuesto y cronograma? ¿Cómo se integra esa información a operación y mantenimiento?
Sin esas respuestas, la digitalización se vuelve una maqueta con complejo de gerente: se ve importante, pero no manda nada.
La ingeniería digital debe estar presupuestada desde el inicio
Uno de los mensajes más aterrizados de la entrevista fue la necesidad de que la ingeniería digital no sea vista como un costo menor ni como una tarea improvisada. Cárcamo fue claro al afirmar que debe estar considerada dentro de las actividades del proyecto, concebida, presupuestada y realizada por personal competente.
Esto tiene implicaciones muy concretas para las empresas constructoras, desarrolladores e inversionistas. Si se quiere que BIM, constructibilidad y gestión digital funcionen, deben entrar en el presupuesto con alcance, entregables, responsables y criterios de aceptación.
No basta con decir “el contratista deberá entregar modelo BIM”. Esa frase, sola, es una bomba de tiempo. ¿Modelo para qué uso? ¿Coordinación? ¿Cantidades? ¿Simulación de obra? ¿Costos? ¿Mantenimiento? ¿Permisos? ¿Operación? ¿Gemelo digital? ¿Todos los anteriores? ¿Con qué nivel de información? ¿Con qué estándar? ¿Bajo qué flujo de aprobación?
El sector necesita pasar de pedir “BIM” a pedir información útil para decisiones específicas.
Para un gerente de proyecto, esto significa que la digitalización debe incorporarse desde la prefactibilidad y la estructuración contractual. Para un diseñador, implica trabajar con entregables coordinados y no solo con planos aislados. Para un constructor, significa usar modelos para planear secuencias, detectar interferencias y anticipar riesgos. Para el dueño del activo, implica recibir una memoria digital que sirva después de la inauguración, cuando las cámaras se van y empieza la vida real del edificio o infraestructura.
Proyectos de capital: donde la desviación cuesta caro
Cárcamo trabaja actualmente en proyectos de capital, un campo en el que la ingeniería digital tiene especial relevancia. Este tipo de proyectos suele involucrar inversiones significativas, múltiples disciplinas, alta presión de cronograma, riesgos contractuales y una exigencia fuerte de control de costos.
En infraestructura, industria, energía, minería, oil & gas, farma o alimentos, una desviación puede tener efectos enormes. No se trata solo de “nos atrasamos un poco”. Se trata de plantas que no arrancan, activos que no producen, concesiones que no cumplen hitos, equipos que no llegan coordinados, interferencias que se descubren tarde o decisiones que se toman con información incompleta.
Cárcamo enfatizó que la ingeniería digital y la constructibilidad no aplican únicamente a construcción tradicional, sino también a infraestructura, oil & gas, energía, minería, farma y sector alimenticio. Su valor está en permitir visualizar antes, durante y después el comportamiento de una edificación o infraestructura.
Ese “antes, durante y después” es fundamental. La construcción tradicional ha vivido demasiado tiempo obsesionada con la entrega física. Pero el mundo de los activos exige pensar en ciclo de vida. Una obra no termina cuando se corta la cinta. Termina, si acaso, cuando deja de prestar servicio. Y para prestar servicio bien, necesita información.
Entidades de control: el siguiente salto pendiente
Otro punto neurálgico mencionado en la entrevista fue la relación con entidades de control y la necesidad de aceptar información digital como funcional, válida y suficiente. Cárcamo señaló que el gobierno y los diferentes estamentos deben asimilar que lo digital puede ser aceptable y que no todo tiene que seguir dependiendo del soporte físico.
Este asunto es más profundo de lo que parece. Mientras las empresas avanzan en modelos digitales, muchos procesos regulatorios, de aprobación, licenciamiento, revisión o control siguen anclados en lógicas documentales tradicionales. Eso genera una brecha: el proyecto se diseña y coordina digitalmente, pero debe traducirse a trámites que no siempre aprovechan esa información.
La guía de buildingSMART para reguladores destaca precisamente el potencial de BIM y openBIM en procesos de permisos, control y gestión pública, al integrar aspectos de diseño, construcción y operación en modelos digitales que facilitan la comunicación entre actores.
Para Colombia, este es un frente estratégico. Si la digitalización queda confinada a las empresas privadas, su impacto será limitado. Pero si se articula con licenciamiento, supervisión, contratación pública, interventoría, operación y mantenimiento de activos públicos, el salto puede ser mucho mayor.
No se trata de digitalizar el mismo trámite lento. Se trata de revisar si la información digital puede hacer más eficiente, transparente y trazable el proceso.
Formación: el talento será la verdadera obra crítica
Cárcamo también habló de la importancia de que BIM y estas metodologías ya estén llegando a universidades, seminarios y programas de formación para ingenieros, arquitectos y otros profesionales vinculados a la construcción. Además, resaltó que no solo aplica a ingeniería civil: también puede involucrar ingeniería industrial, mecánica, estructuras metálicas, cableado, voz y datos, entre otras disciplinas.
Este punto es decisivo. La transformación digital del sector no dependerá solo de herramientas, sino de personas capaces de pensar de otra manera.
El profesional que viene no puede limitarse a saber dibujar, calcular o ejecutar. Debe saber coordinar información, interpretar modelos, anticipar interferencias, trabajar con datos, conversar con otras disciplinas y entender el impacto de sus decisiones en costos, tiempos y operación.
Eso no significa que todos deban ser especialistas BIM. Pero sí que todos deben comprender el valor de la información. El maestro de obra, el residente, el interventor, el gerente, el estructural, el proveedor y el operador necesitan hablar un idioma más integrado.
La formación técnica, universitaria y empresarial debe moverse hacia competencias como gestión de información, pensamiento de ciclo de vida, coordinación interdisciplinaria, análisis de riesgos, lectura de modelos, estándares, trazabilidad, sostenibilidad y productividad.
El sector no necesita profesionales que solo sepan “usar el programa”. Necesita profesionales que sepan para qué usarlo.
Obras durables, funcionales y estables: el mensaje para las nuevas generaciones
Al cierre de la entrevista, Cárcamo dejó un mensaje especialmente valioso para los jóvenes profesionales de la construcción: estar atentos a los nuevos desarrollos en tecnología de materiales, procesos constructivos e ingeniería digital, buscar capacitación constante, aprender de la experiencia de quienes ya han recorrido camino y construir obras de las cuales Colombia y América Latina puedan sentirse orgullosas.
Ese llamado resume bien el espíritu de PROCEMCO 2026. La reunión no fue solo un espacio académico sobre cemento y concreto. Fue también un recordatorio de que los materiales evolucionan, los procesos cambian, los estándares suben y los proyectos son cada vez más exigentes.
La infraestructura latinoamericana necesita obras durables, funcionales, estables, ejecutadas dentro del tiempo concebido y bajo el presupuesto contemplado. Esa fue una de las ideas centrales del mensaje de Cárcamo.
Y ahí la ingeniería digital y la constructibilidad dejan de ser temas futuristas. Son herramientas para responder a problemas actuales: retrasos, sobrecostos, falta de coordinación, pérdida de información, baja productividad, reprocesos y dificultad para operar activos con datos confiables.
La gran conclusión: construir mejor empieza antes de la obra
La entrevista de ConstruClub Radio con Juan Carlos Cárcamo deja una conclusión contundente para gerentes, constructores, diseñadores, interventores, entidades públicas y desarrolladores: la calidad de una obra empieza mucho antes de llegar al frente de trabajo.
Empieza cuando se define la información que el proyecto necesitará. Empieza cuando se coordina el diseño. Empieza cuando se revisa si lo diseñado es construible. Empieza cuando se presupuestan los procesos digitales. Empieza cuando se asignan responsabilidades. Empieza cuando el modelo se usa para decidir y no solo para mostrar.
La ingeniería digital y la constructibilidad no son una moda. Son una respuesta técnica y gerencial a una industria que ya no puede darse el lujo de trabajar con información dispersa. En un sector donde cada error se paga con tiempo, dinero y reputación, la trazabilidad no es un lujo: es una necesidad.
PROCEMCO 2026 fue el escenario perfecto para poner esta conversación sobre la mesa. Porque hablar de cemento y concreto hoy no es hablar únicamente de resistencia, mezclas o prefabricados. Es hablar de cómo diseñamos, construimos, operamos y mantenemos activos en un mundo que exige más productividad, más sostenibilidad, más precisión y menos improvisación.
La obra del futuro no será solo la que tenga mejores materiales. Será la que tenga mejor información. Y, sobre todo, la que logre que esa información llegue a tiempo a quienes toman decisiones.
Porque al final, como bien lo dejó ver Cárcamo, el problema no es diseñar una gran obra. El verdadero reto es lograr que esa obra se construya como fue pensada, funcione como fue prometida y permanezca como legado.