Álvaro González Villalba: la ingeniería que construye carreteras para 40 años, no para una foto de gobierno

En PROCEMCO 2026, el consultor internacional uruguayo dejó una lección empresarial para Colombia: la infraestructura no se debe evaluar solo por cuánto cuesta construirla, sino por cuánto valor genera durante toda su vida útil.

Hay entrevistas que hablan de cemento, concreto y pavimentos.
Y hay entrevistas que, sin hacer ruido, hablan de país.

La conversación con Álvaro González Villalba, ingeniero civil uruguayo, consultor internacional y conferencista de PROCEMCO 2026 – Reunión del Cemento y del Concreto, pertenece a la segunda categoría.

Porque detrás de conceptos como bases cementadas, pavimentos de hormigón de alto rendimiento, ciclo de vida y durabilidad, aparece una pregunta mucho más profunda para Colombia y América Latina:

¿Estamos construyendo infraestructura para resolver el problema de hoy o para dejarle competitividad a las próximas generaciones?

La respuesta de González Villalba fue tan técnica como empresarial: hay que comparar bien, planear mejor y dejar de tomar decisiones de infraestructura con mirada de corto plazo.

Como quien dice: una vía no debería durar menos que la promesa con la que fue inaugurada.

¿Quién es Álvaro González Villalba?

Álvaro González Villalba es ingeniero civil egresado de la universidad pública de Uruguay. Desde 1994 ha estado vinculado al negocio del cemento y el hormigón, primero desde la industria y luego desde la consultoría internacional.

Durante cerca de 20 años ocupó cargos de jefatura, producción y gerencia en una de las principales empresas cementeras de Uruguay. Desde allí participó en el desarrollo de nuevas aplicaciones para ampliar el uso del cemento y mejorar la productividad de la infraestructura vial.

Su carrera tiene un punto particularmente interesante para empresarios, constructores e ingenieros: González Villalba no se quedó únicamente en el conocimiento técnico. Entendió que la ingeniería también puede ser una herramienta de desarrollo de mercados, competitividad sectorial y transformación de país.

Eso no siempre lo enseñan en la facultad. Y él mismo lo reconoció con humor durante la entrevista: esa faceta empresarial de la ingeniería no venía en el manual universitario.

De vender cemento a crear valor para la infraestructura

Uno de los grandes aportes de la conversación fue entender que el cemento no debe verse solo como un insumo, sino como parte de una estrategia de largo plazo para mejorar la infraestructura.

González Villalba contó cómo, durante años, su trabajo estuvo enfocado en identificar tecnologías que permitieran maximizar el uso del cemento y ampliar su participación en proyectos de pavimentación, bases y soluciones viales.

No se trataba simplemente de “usar más cemento”. Ese sería el análisis fácil, y el análisis fácil suele salir caro.

La clave estaba en encontrar aplicaciones donde el cemento generara valor real: mayor durabilidad, mejor desempeño estructural, menor mantenimiento y mayor competitividad en el costo total de la obra.

En Uruguay, ese proceso tuvo un impacto concreto. Según el consultor, hace 10 o 15 años las bases cementadas prácticamente no existían como solución relevante en el país. Hoy, en cambio, las rutas nuevas incorporan bases con cemento de manera generalizada, y en 2024 alrededor del 25% del consumo total de cemento en Uruguay estuvo relacionado exclusivamente con bases cementadas.

Ese dato merece subrayado, marcador amarillo y comité técnico.

Porque muestra cómo una tecnología bien aplicada no solo resuelve un problema de ingeniería: también puede cambiar la estructura de demanda de toda una industria.

La lección uruguaya: adoptar, adaptar y ejecutar

Una de las ideas más potentes de la entrevista fue esta: Uruguay no inventó todo desde cero.

Lo que hizo fue observar lo que otros países estaban haciendo bien, identificar lo que no estaba funcionando y luego adoptar y adaptar esas soluciones a su propia realidad.

Esa palabra, adaptar, es clave.

En construcción, copiar sin contexto es una forma elegante de improvisar. Y la improvisación, cuando se trata de infraestructura, puede convertirse en sobrecostos, fallas prematuras y mantenimiento eterno.

González Villalba explicó que el intercambio con expertos de América Latina fue fundamental para el avance de Uruguay. Eventos como PROCEMCO y redes profesionales regionales permitieron aprender de experiencias acumuladas en otros países.

La conclusión es empresarialmente poderosa: la infraestructura no avanza solo por decreto, maquinaria o presupuesto. Avanza cuando hay conocimiento compartido, decisiones técnicas serias y voluntad de implementación.

Pavimentos de concreto de alto rendimiento: productividad, durabilidad y costo real

Durante su participación en PROCEMCO, González Villalba habló de pavimentos de hormigón con tecnología de alto rendimiento, una solución asociada a larga vida útil, alta productividad y optimización de costos.

En el contexto colombiano, donde la discusión vial suele estar marcada por presupuesto, topografía, mantenimiento y presión política, el tema no es menor.

El consultor fue claro: cuando se habla de pavimentos de concreto u hormigón, no se puede analizar únicamente el costo inicial de construcción. Hay que revisar el costo del ciclo de vida.

Ese punto es central para gerentes, contratistas, concesionarios, entidades públicas y tomadores de decisión.

Porque una solución que parece más económica al inicio puede salir mucho más costosa si requiere intervenciones frecuentes, cierres, recapados, mantenimiento recurrente y afectaciones operativas.

En sus palabras, no es intelectualmente honesto comparar un pavimento que puede proyectarse para 30, 40 o incluso 50 años, con una carpeta asfáltica que puede requerir intervenciones importantes a los pocos años.

La frase que queda para enmarcar es sencilla:

“Hay que comparar cosas comparables”.

Eso aplica para pavimentos, presupuestos, licitaciones y, de paso, para varias reuniones de comité donde Excel manda más que la ingeniería.

El mito del concreto caro

Uno de los “fantasmas” que González Villalba identificó es el mito de que el pavimento de hormigón es necesariamente más caro.

Según su experiencia, ese fue un debate que Uruguay tuvo hace 15 o 20 años. Hoy, muchos de esos prejuicios han sido superados gracias a proyectos ejecutados, evidencia técnica y resultados visibles.

Colombia, en cambio, apenas está enfrentando varias de esas mismas objeciones.

El problema no está en preguntar por los costos. Eso es necesario. El problema está en comparar mal.

Un análisis serio debe incluir:

  • costo inicial de construcción;
  • vida útil esperada;
  • frecuencia de mantenimiento;
  • costos de intervención;
  • impacto sobre usuarios y operación;
  • desempeño estructural;
  • durabilidad;
  • productividad en obra;
  • riesgos de falla prematura.

Cuando se analiza únicamente el valor de entrada, la discusión queda incompleta. Y en infraestructura, una discusión incompleta puede terminar convertida en una obra mediocre.

La visión de González Villalba invita a elevar la conversación: no se trata de defender un material por fanatismo técnico, sino de evaluar cuál solución entrega mayor valor durante toda la vida del activo.

¿Puede Colombia aplicar estas tecnologías?

La respuesta de Álvaro González Villalba fue directa: sí, pero no con ligereza.

El consultor reconoció que la geografía colombiana tiene retos muy distintos a los de Uruguay o Paraguay. Después de visitar proyectos en Medellín, destacó la complejidad de pavimentar en zonas montañosas, con pendientes, alturas y condiciones urbanas muy particulares.

Uruguay y Paraguay tienen geografías más onduladas y menos extremas en comparación con varias ciudades colombianas. Sin embargo, eso no significa que las tecnologías de pavimentos de concreto de alto rendimiento no puedan aplicarse en Colombia.

Significa que deben estudiarse bien.

Cada proyecto tiene su propia lógica técnica. No es lo mismo una vía rural, una vía urbana, una carretera de montaña, una ruta de carga pesada o una intervención en zona de alta pendiente.

La recomendación de González Villalba fue contundente: no improvisar.

Antes de ejecutar, hay que estudiar profundamente el proyecto, considerar sus variables, tomar las medidas necesarias y diseñar una solución coherente con el entorno.

El mensaje es muy pertinente para Colombia: la tecnología existe, la experiencia regional existe y los casos de éxito también existen. Lo que se necesita es capacidad técnica, apertura mental y disciplina de ejecución.

Paraguay: cuando la paciencia técnica empieza a dar frutos

Otro caso mencionado durante la entrevista fue Paraguay.

González Villalba contó que desde hace aproximadamente 10 años ha venido acompañando procesos de desarrollo técnico en ese país. Después de años de trabajo, en 2026 se logró iniciar una ruta de 95 kilómetros con este tipo de tecnología.

El dato es relevante porque muestra algo que muchas veces se olvida en el sector construcción: las transformaciones técnicas importantes no ocurren de la noche a la mañana.

Requieren insistencia, pedagogía, pruebas, alianzas, eventos, conversaciones, demostraciones y tomadores de decisión dispuestos a escuchar.

En otras palabras: antes de que una tecnología llegue a la obra, primero debe ganar una batalla cultural.

Y en construcción, las batallas culturales pueden ser más duras que el concreto de 28 días.

Infraestructura y visión de gobierno: el verdadero debate

Uno de los momentos más empresariales de la entrevista apareció cuando González Villalba planteó una diferencia clave entre dos formas de decidir:

Una cosa es pensar en pavimentos de larga vida útil, con horizontes de 20, 30 o 40 años.

Otra muy distinta es tomar decisiones pensando únicamente en el periodo de gobierno actual y dejar que el siguiente resuelva el mantenimiento.

Esa reflexión debería estar en la agenda de cualquier conversación seria sobre infraestructura pública en América Latina.

Porque la infraestructura se paga con recursos de todos. Cada peso invertido proviene, directa o indirectamente, de los ciudadanos. Por eso, según González Villalba, existe una responsabilidad ética y técnica: lograr que cada peso se use de la forma más inteligente, durable y productiva posible.

Este punto conecta la ingeniería con la gobernanza.

Una buena vía no es solo una obra. Es una plataforma para la economía, la movilidad, el comercio, la seguridad vial y el bienestar de las comunidades.

Cuando una infraestructura falla pronto, no solo falla un diseño. Falla una decisión.

El mensaje para los jóvenes ingenieros

Hacia el cierre de la entrevista, la conversación tomó un tono más inspirador. El mensaje de González Villalba para los jóvenes ingenieros fue claro: hay que salir de la zona de confort.

No basta con repetir lo que siempre se ha hecho. No basta con operar bajo los mismos criterios si el mundo exige mejores resultados.

Para el consultor, los profesionales jóvenes deben ser exigentes consigo mismos, estudiar, abrir la cabeza, participar en congresos, intercambiar conocimiento y rodearse de personas con visión de largo plazo.

Su consejo fue una mezcla de rigor técnico y filosofía profesional:

Trabajar con pasión, con inteligencia, con alegría y con esfuerzo.

Esa combinación puede sonar sencilla, pero es exactamente lo que separa a un profesional que ejecuta tareas de un profesional que transforma sectores.

González Villalba también hizo énfasis en aprender de los errores. En ingeniería, como en la vida, muchas veces se aprende más de lo que salió mal que de lo que salió bien.

La clave está en no bajar los brazos, corregir, mejorar y seguir construyendo.

Construir con inteligencia también es construir sosteniblemente

En la conversación apareció otro concepto clave: la sostenibilidad económica.

Muchas veces la sostenibilidad se reduce a materiales, emisiones o certificaciones. Todo eso importa. Pero también existe una sostenibilidad asociada a la durabilidad, la eficiencia del gasto y la reducción de intervenciones futuras.

Un pavimento que dura más, requiere menos mantenimiento y ofrece mejor desempeño durante décadas puede ser una decisión más sostenible desde el punto de vista económico y operativo.

Por eso, cuando González Villalba habla de pavimentos de hormigón como una solución inteligente, no lo hace desde la nostalgia del material. Lo hace desde el análisis de desempeño.

La pregunta no debería ser solamente: “¿cuánto cuesta construir esto?”

La pregunta completa debería ser:

¿Cuánto cuesta construirlo, mantenerlo, operarlo y reemplazarlo durante toda su vida útil?

Ahí empieza la ingeniería seria.

Para Colombia: una oportunidad de conversación técnica

La entrevista deja una oportunidad clara para Colombia.

El país necesita avanzar en infraestructura con mayor productividad, mejor durabilidad y decisiones técnicas más transparentes. En ese escenario, la conversación sobre pavimentos de concreto de alto rendimiento, bases cementadas y análisis de ciclo de vida no debería quedar encerrada en congresos.

Debe llegar a entidades públicas, concesionarios, diseñadores, interventores, contratistas, productores de materiales, universidades y nuevos ingenieros.

No se trata de declarar ganadores absolutos entre concreto y asfalto. Ese debate reducido no le sirve al país.

Se trata de abrir la discusión con más evidencia, mejores comparaciones y mayor honestidad técnica.

Como lo plantea González Villalba, nadie está pidiendo que se le regale nada al pavimento de hormigón. Lo que se pide es que se compare con criterios justos.

Y en un país donde cada peso público debe rendir más, esa conversación no es opcional. Es urgente.

La entrevista en una frase

Si hubiera que condensar la entrevista en una sola idea, sería esta:

La infraestructura de calidad no nace de hacer lo más barato, sino de tomar la decisión más inteligente para el largo plazo.

Eso vale para una carretera, para una empresa constructora, para una industria cementera y para una carrera profesional.

Álvaro González Villalba llegó a PROCEMCO 2026 con una experiencia internacional que combina ingeniería, industria, desarrollo de mercado y visión de país. Su mensaje para Colombia es técnico, pero también profundamente humano: estudiar más, improvisar menos, compartir conocimiento y trabajar con pasión por obras que duren.

Porque al final, una carretera no solo conecta territorios.
También revela qué tan lejos está dispuesto a pensar un país.

Preguntas frecuentes sobre pavimentos de concreto de alto rendimiento

¿Qué son los pavimentos de concreto de alto rendimiento?

Son soluciones de pavimentación en concreto u hormigón diseñadas para ofrecer alta durabilidad, productividad constructiva y buen desempeño estructural durante largos periodos de tiempo. Su análisis debe considerar no solo el costo inicial, sino el costo total durante toda la vida útil del pavimento.

¿Por qué es importante analizar el ciclo de vida de un pavimento?

Porque una vía no termina costando solo lo que cuesta construirla. También hay que considerar mantenimiento, reparaciones, cierres, intervenciones futuras, afectación a usuarios y vida útil. Comparar únicamente el costo inicial puede llevar a decisiones incompletas.

¿Qué son las bases cementadas?

Son capas estructurales de una vía en las que se incorpora cemento para mejorar su desempeño, resistencia y estabilidad. Según la experiencia compartida por Álvaro González Villalba, en Uruguay este tipo de solución pasó de ser prácticamente inexistente a convertirse en una aplicación relevante para el consumo nacional de cemento.

¿El pavimento de concreto es más caro que el asfalto?

Depende de cómo se compare. Si solo se mira el costo inicial, puede parecerlo en algunos casos. Pero si se analiza la vida útil, el mantenimiento y las intervenciones futuras, la comparación puede cambiar. La clave es comparar soluciones equivalentes en desempeño y duración.

¿Estas tecnologías pueden aplicarse en Colombia?

Sí, pero cada proyecto debe estudiarse según su geografía, carga, clima, diseño, operación y condiciones locales. Colombia tiene retos topográficos importantes, especialmente en zonas montañosas, por lo que no se trata de copiar modelos, sino de adaptar soluciones con rigor técnico.

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